
Algunas historias de amor parecen escritas por el destino, y la de Rocío y Guillermo es, sin duda, una de ellas. Su primer encuentro fue una serie de casualidades (o tal vez señales) que los llevaron a encontrarse en el momento perfecto. A través de una aplicación de citas, sus caminos se cruzaron cuando un amigo de Guillermo tomó la dirección equivocada y terminó en Almería en lugar de en Murcia. Desde ese primer mensaje, la conexión entre ellos fue instantánea, y pronto se volvieron inseparables. Tanto así, que Rocío no dudó en hacer las maletas y volar hasta Londres para reencontrarse con él. Su primera mirada en el aeropuerto de Stansted fue el inicio de una historia de amor que los llevaría hasta el altar.
Una pedida íntima y auténtica
Fieles a su esencia, su pedida de mano no fue un gran espectáculo, sino un momento profundamente sincero y personal. En la cocina de su hogar, con la naturalidad que define su relación, decidieron juntos que era el momento de unir sus vidas para siempre.

Una boda religiosa llena de significado
El 14 de septiembre de 2024, Rocío y Guillermo se dieron el «sí, quiero» en la parroquia de San Antonio de Padua, en Ciudad Jardín, Almería. La elección de la iglesia no fue casualidad: toda la familia de Rocío, incluida su abuela, había celebrado sus bodas allí, lo que hizo que el momento fuese aún más emotivo. Cada detalle de la ceremonia fue cuidadosamente elegido, incluyendo la música, que creó una atmósfera mágica con la interpretación de Soneros de Ley y Quindale Flamenco, quienes más tarde también sorprenderían a los novios en el inicio de la celebración.

Una celebración rodeada de naturaleza
El banquete tuvo lugar en Jardines de Azahar, un enclave mágico con jardines llenos de encanto donde los novios y sus invitados disfrutaron de una noche inolvidable bajo un cielo estrellado. La decoración reflejaba su amor por lo natural, con un estilo rústico pero elegante, donde el olivo fue el gran protagonista. Para personalizar aún más la celebración, diseñaron su propio seating plan con alambre de gallinero, nombrando las mesas con ciudades en las que habían vivido o viajado juntos. Como no podía ser de otra manera, su mesa llevaba el nombre de Londres, la ciudad donde comenzó su aventura.

El vestido de novia: un sueño hecho realidad
Desde pequeña, Rocío sabía que su vestido sería de Victoria Colección, y su sueño se hizo realidad. Buscaba un diseño sencillo pero con un toque flamenco, reflejo de otra de sus pasiones. Finalmente, encontró el vestido perfecto: manga francesa, un bordado inspirado en los trajes de luces taurinos y una cola de tul espectacular. Como complemento, eligió una tiara de la firma Mar de Cleo en plata envejecida, nácar y perlas, adornada con flores de azahar y jazmín, en honor a su tierra y a sus abuelas.
El ramo de novia, obra de Floristería Toni, fue otro de los elementos que hicieron de su look algo muy especial. Un diseño desenfadado con lisianthus blancos, bouvardia y tanacetum, acompañado de una cinta bordada a mano con la frase “Donde tú vayas, yo iré”, un avión y la silueta de la Virgen del Rocío.

Un novio elegante y con detalles únicos
Guillermo sorprendió con un impecable chaqué azul marino oscuro, complementado con unos gemelos personalizados con sus iniciales y las de sus testigos. Su look, perfectamente escogido, no pasó desapercibido y fue muy elogiado por los invitados.

Momentos para recordar
Uno de los momentos más emotivos de la boda fue el encuentro de los novios en el altar. Aunque Rocío intentó mantener la compostura, Guillermo no pudo contener las lágrimas. Pero sin duda, la gran sorpresa de la ceremonia fue cuando Rocío le cantó a su marido, un detalle inesperado que emocionó a todos los presentes.
Después del banquete, la fiesta se convirtió en un espectáculo de alegría y baile. Para abrir la pista, los novios dejaron de lado el clásico vals y sorprendieron bailando unas sevillanas interpretadas en directo. La música y la diversión continuaron con Danny DJ VIP, que se encargó de mantener la pista llena hasta el final de la noche.

Una boda con corazón
Más allá de los detalles estéticos y la gran celebración, Rocío y Guillermo quisieron dar un significado aún más profundo a su día colaborando con la Fundación Aladina, una causa muy especial para ellos. Además, cada detalle de la boda fue cuidadosamente elegido con proveedores que lograron hacer su sueño realidad, desde el catering de Celebraciones Jardines de Azahar hasta el espectacular corte de jamón de Antonio Cortador de Jamón.
Para capturar cada instante de su gran día, confiaron en el talento de José Gambín Fotógrafo y Álvaro Zapata Video, quienes lograron plasmar la emoción, la felicidad y la magia de su boda en imágenes inolvidables.
Cada boda es única, pero la de Rocío y Guillermo fue un reflejo perfecto de su historia: un viaje lleno de amor, casualidades convertidas en destino y una celebración auténtica e inolvidable.
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